Javier Milei encendió la licuadora política y empezó a rearmar su Gobierno en medio de una feroz batalla de egos y traiciones. La salida de Guillermo Francos del Gabinete —y la renuncia de Lisandro Catalán— detonaron un sismo en la Casa Rosada. Entre cenas secretas con Mauricio Macri y presiones internas, el Presidente se ve obligado a adelantar una reestructuración que, según sus allegados, iba a esperar hasta fin de año. Pero el poder no espera, y menos cuando el fuego amigo viene desde adentro.
El reemplazo de Francos por Manuel Adorni reacomoda piezas clave, mientras Karina Milei gana cada vez más peso en las decisiones y Santiago Caputo se perfila como el gran operador en las sombras. En paralelo, Patricia Bullrich mueve sus fichas para dejar a su mano derecha, Alejandra Monteoliva, al frente de Seguridad, y Luis Petri prepara su salida de Defensa. La danza de nombres incluye a Caputo, Pinedo y hasta funcionarios del riñón PRO, todos buscando un asiento en el ring libertario mientras Macri intenta no quedar fuera del juego.
La tensión sube y los cuchillos vuelan: gobernadores que huelen debilidad, diputados que cambian de bando y un PRO dividido entre la lealtad y la supervivencia. Mientras tanto, Milei sonríe desde Olivos, convencido de que el caos lo fortalece. Pero con tanto movimiento en su propio tablero, algunos ya se preguntan si el León sigue rugiendo… o si sus aliados están listos para devorarlo.