Mientras desde el Ejecutivo aseguran que la subasta del Complejo Casino es “absolutamente transparente y legal”, puertas adentro del debate político crecen las dudas y las alarmas. El secretario de Legal y Técnica, Ernesto Povilaitis, salió a blindar el proceso, pero evitó responder una pregunta clave que retumba en el Concejo Deliberante de Necochea y en la calle: si todo es tan claro, ¿por qué no aceptaron los cambios propuestos ni respondieron los pedidos de informes?
Desde el inicio, la subasta del Complejo Casino de Necochea fue cuestionada por concejales de distintos bloques que advirtieron inconsistencias de fondo. Las modificaciones impulsadas desde el Concejo fueron directamente ignoradas, los pedidos formales de información quedaron sin respuesta y el destino real de los fondos sigue envuelto en ambigüedad, más allá de porcentajes genéricos repetidos como mantra. Para muchos, el problema no es la venta en sí, sino cómo se la planteó desde el primer día y el hermetismo con el que se manejó.
El discurso oficial insiste en legalidad, códigos QR y publicaciones, pero el ruido no baja: cuando un proceso es verdaderamente transparente, no le teme a los controles ni esquiva explicaciones. La negativa a responder informes y a debatir cambios dejó una sensación peligrosa: que la subasta avanza más por imposición que por consenso. Y en Necochea, cada vez más vecinos se preguntan si el histórico Casino se está vendiendo con luz y taquígrafos… o entre sombras, apuros y silencios incómodos.