En una visita digna de una gira relámpago, Axel Kicillof aterrizó en Necochea y Quequén con un combo de discursos, inauguraciones y dardos políticos. Acompañado por un ejército de ministros y funcionarios, el gobernador aprovechó cada micrófono disponible para lanzar su sentencia más resonante: “Hoy tenemos la peor situación desde el 2001”. Mientras cortaba cintas de obras que —según él— estuvieron congeladas por gestiones anteriores, insistió en que las familias bonaerenses están hundidas por deudas y precios que no dan tregua.
En su recorrida, el mandatario no escatimó dramatismo: habló de magia, crisis y proyectos resucitados de entre los escombros administrativos. Señaló que jardines, centros de salud y espacios comunitarios habían quedado “abandonados” por Nación y por viejos gobiernos provinciales, y que su visita era casi una operación de rescate. “Se habían parado tantas obras que a la gente le costaba muchísimo”, lanzó, aprovechando para marcar distancia con la gestión actual del Gobierno Nacional y recordando que muchas de las iniciativas retomadas fueron posibles gracias al empuje municipal y al financiamiento provincial.
Para rematar, Kicillof cerró la jornada con un paquete de anuncios sobre salud, programas sociales, ambulancias y digitalización, subrayando que trabaja “en todos los rincones de la provincia” desde hace seis años. Entre números inflados, críticas encendidas y promesas de continuidad, dejó claro que su relato se apoya en dos pilares: crisis profunda y obras recuperadas. La postal final, con funcionarios y móviles sanitarios de fondo, buscó instalar un mensaje directo: donde Nación retrocede —según su versión—, la Provincia aparece para sostenerlo todo.