Tras un Carnaval que explot贸 de gente y dio un respiro a hoteles y comercios, puertas adentro en Mar del Plata se respira otra sensaci贸n: la temporada dej贸 movimiento, pero tambi茅n preocupaci贸n. Aunque el fin de semana largo fue el pico del verano con miles de visitantes y alta ocupaci贸n, los n煤meros generales muestran menos turistas que el a帽o pasado y un dato inc贸modo que se repite en pasillos pol铆ticos y empresariales: la mayor铆a llega sobre la fecha, gasta menos y ya no se hospeda en hoteles como antes.
El cambio de h谩bitos golpea al modelo cl谩sico de la ciudad: departamentos temporarios llenos, hoteler铆a con menor ocupaci贸n y consumo m谩s medido en gastronom铆a, espect谩culos y servicios. Mientras tanto, la competencia internacional aprieta y cada vez m谩s argentinos comparan precios con destinos del exterior antes de decidir. Carnaval alivi贸 el panorama y maquill贸 la foto, pero no alcanza para ocultar que el negocio tur铆stico atraviesa una transformaci贸n profunda.
En paralelo, crece otra historia menos visible pero igual explosiva: la ciudad empieza a jugar fuerte en el terreno industrial y log铆stico, impulsada por el comercio electr贸nico, el puerto y nuevas operaciones empresariales. Sin embargo, entre empresarios ya circula una advertencia: sin infraestructura y planificaci贸n, el boom podr铆a quedarse en promesa. Mar del Plata vive as铆 un momento bisagra, entre el brillo de las playas y la presi贸n de reinventarse para no quedar atrapada en un modelo que ya no alcanza.