En Necochea, donde las historias del mar suelen quedarse en la arena, un relato de película volvió a encender las alarmas: Omar Cernadas, hoy con 94 años, rompió el silencio y contó que en 1945 convivió cara a cara con marineros nazis que habían desembarcado frente a las costas locales. Según su testimonio, cinco jóvenes rubios —“ninguno pasaba los treinta”— aparecieron en la casa de su abuela justo cuando un submarino alemán habría sido hundido frente al puerto de Quequén, a solo 28 metros de profundidad. El periodista Abel Basti, que lleva años tras la pista de los desembarcos nazis en Argentina, validó el dato con pericias internacionales que señalan que los restos hallados corresponden a un submarino alemán clase IX.
El relato de Omar, difundido en el canal de YouTube de Basti, revive escenas que parecen sacadas de un thriller bélico: soldados alemanes alojados en una casa común, un micro misterioso que vino a buscar a cuatro de ellos y una comunidad que sabía más de lo que decía. Según Cernadas, su abuela hablaba alemán y eso habría facilitado la llegada de los tripulantes, quienes escapaban tras hundir su propio submarino para borrar toda evidencia. “Nos sacaron volando porque venía gente”, recuerda Omar, que de curioso volvió y los vio marcharse. Décadas más tarde, su tío le reveló la verdad: eran marinos del sumergible que había explotado entre Lobería y Necochea.
Mientras las autoridades argentinas siguen sin reconocer oficialmente el hallazgo —algo que Basti reclama desde hace años— buzos e investigadores internacionales confirman que los restos encontrados coinciden en un 90% con tecnología del Tercer Reich. Sin acta de rendición, sin capitán identificado y con archivos destruidos o perdidos, el caso de Necochea quedó atrapado entre mito y realidad. Sin embargo, la memoria de Omar, última voz viva de aquel episodio, repite una imagen imborrable: “Uno de ellos me despeinó al irse”. Un gesto mínimo, perdido en 1945, que hoy vuelve como un recordatorio inquietante de una historia que la ciudad todavía no terminó de contar.