El Municipio encendió la mecha y lanzó el llamado a licitación para concesionar tres espacios clave de la ciudad: la Terminal de Ómnibus, el sector de fogones del Parque Miguel Lillo y el histórico predio del ex camping municipal. La movida, presentada como un paso hacia la “puesta en valor”, sacude el tablero local y abre un proceso que promete inversiones, pero también despierta preguntas sobre quién se quedará con el manejo de estos puntos estratégicos.
En el caso de la Terminal, el futuro concesionario deberá hacerse cargo de todo: desde el funcionamiento del transporte y el mantenimiento del edificio hasta la explotación de locales y servicios, con obras obligatorias que incluyen refacciones, mejoras de accesibilidad y modernización general. Mientras tanto, los otros predios salen al mercado con condiciones especiales y períodos de gracia pensados para atraer interesados que apuesten a desarrollar espacios turísticos y recreativos.
Con cánones atados a los salarios municipales y aportes obligatorios, el paquete licitatorio pone en juego millones y el futuro de lugares emblemáticos para vecinos y visitantes. Ahora todas las miradas apuntan al proceso de adjudicación, que definirá quién toma el control y cómo impactará en el desarrollo —o la polémica— de estos espacios en los próximos años.