EL ESCÁNDALO QUE SACUDE AL FÚTBOL: CHATS SECRETOS, MILLONES VOLANDO Y UNA “EMPRESA FANTASMA” EN MIAMI

Un vendaval de sospechas golpea a la Asociación del Fútbol Argentino: chats privados, facturas dudosas y transferencias millonarias revelan una trama que parece sacada de una película de gánsters. En el centro del huracán aparece Juan Pablo Beacon, hombre de extrema confianza del tesorero Pablo Toviggino, coordinando el envío de millones de dólares a una firma de Miami señalada como “empresa fantasma”. El número que estremece: casi US$ 4,8 millones girados con facturas por servicios que nadie logra explicar.

La operatoria, según los mensajes, fue quirúrgica: facturas “a pedido”, transferencias rápidas desde una administradora de fondos vinculada a la AFA y el paso final, el más oscuro, con dinero regresando en efectivo a la Argentina. En el medio, un financista apodado “Fiño” cobrando comisiones y una ingeniería de porcentajes que huele a caja negra. Todo bajo el paraguas de sociedades hoy inactivas, como Dicetel, usadas —siempre según la documentación— para maquillar salidas de dinero del circuito formal.

Detrás del telón aparece también Javier Faroni, cuya firma manejaba cifras siderales del fútbol argentino en el exterior. La Justicia ya mira de reojo y el ambiente hierve: balances que no cierran, mansiones que despiertan preguntas y un interrogante que quema en los pasillos de Viamonte. Si los chats dicen la verdad, el fútbol no solo se juega en la cancha: también se mueve en oficinas, con dólares en sobres y un silencio que promete romperse a los gritos.