Arturo Rojas montó una conferencia de prensa “de urgencia” en las escalinatas del Casino, pero el escenario tuvo más de acto partidario que de anuncio institucional. Micrófonos hubo, discursos también, pero periodistas brillaron por su ausencia: no fue nadie. Solo dirigentes, aliados políticos y algunos representantes sectoriales escucharon al intendente denunciar una supuesta “gravedad institucional absoluta”, en un monólogo que pareció más un ensayo de campaña que una explicación seria para la comunidad.
Desde el edificio que hoy funciona como símbolo del abandono, Rojas acusó a la oposición de boicotear el desarrollo y habló de “mamarrachos jurídicos”, inseguridad para inversores y daño irreparable al patrimonio municipal. El problema es otro: la memoria. El Casino lleva seis años bajo su gestión y recién ahora, con el calendario político corriendo hacia 2027, el intendente parece haber descubierto la urgencia. Durante todo ese tiempo no hubo plan, ni avances concretos, ni resultados visibles. Pero ahora, de golpe, todo es apuro, dramatismo y conferencia relámpago.
La ironía es difícil de esquivar: quien gobernó seis años sin resolver el problema hoy señala culpables externos y amenaza con vetos y judicialización si no le aprueban el camino que propone a contrarreloj. Rojas pide “sensatez” mientras intenta cerrar la venta más importante de la historia reciente de Necochea en medio de tensiones políticas y sin consenso amplio. El Casino sigue siendo una ruina, pero el apuro no parece ser por la ciudad, sino por llegar con una foto antes de que se termine el tiempo.