La postal turística de la costa se vio sacudida por una escena digna de crónica roja: en pleno movimiento veraniego, un joven fue detenido tras intentar cobrar $10.000 para “proteger” un auto estacionado. El episodio ocurrió en la zona de calles 2 y 79, donde un turista terminó pidiendo auxilio luego de sentirse acorralado por una maniobra que rozó la extorsión más burda.
Según la denuncia, el visitante —recién llegado a la ciudad— fue increpado por un muchacho que, sin vueltas, le puso precio a la supuesta seguridad del vehículo. El mensaje fue claro y directo: pagar o irse. La negativa derivó en una discusión que encendió las alarmas y motivó el llamado al 911, justo cuando la temporada intenta mostrar su mejor cara.
La historia tuvo un giro todavía más oscuro cuando la Policía intervino: el joven se movía en una moto sin patente que, al ser verificada, tenía pedido de secuestro activo. El rodado fue incautado y el sospechoso trasladado a la comisaría, quedando a disposición de la Justicia. Un episodio que vuelve a poner bajo la lupa el descontrol en zonas turísticas y la delgada línea entre el “cuidado” informal y el delito liso y llano.