El reino silencioso de Karina Milei: poder en alza, guiños a Washington y la bomba íntima de Macri

En un clima político que hierve a fuego lento, Karina Milei volvió a demostrar que ya no es la “hermana del presidente”, sino la nueva arquitecta en las sombras del Poder Ejecutivo. Mientras Javier Milei colecciona fotos con Donald Trump y presume alianzas internacionales, “El Jefe” mueve piezas en silencio: define agenda, condiciona decisiones y ordena a legisladores y funcionarios con una precisión quirúrgica. Todo esto sucede mientras Estados Unidos aprieta el acelerador con exigencias geopolíticas que van desde bases estratégicas hasta la pelea global por el 5G, dejando claro que la generosidad del norte nunca es gratis.

Pero la política doméstica también se sacude. El acuerdo comercial con Washington, presentado como el inicio de una nueva era, viene con letras chicas que alarman desde la industria farmacéutica hasta los productores de carne. La presión yanqui por contener al avance chino en la región obliga a la Casa Rosada a medir cada paso con lupa. Al mismo tiempo, grandes jugadores del mercado —como Francisco De Narváez— mueven fichas para adueñarse de Carrefour Argentina, prometiendo estabilidad en los precios de la canasta básica a cambio del apoyo presidencial. Y mientras bancos extranjeros vuelven a mirar al país con entusiasmo, el Gobierno disfruta lo que podría ser un oasis económico… siempre y cuando el Congreso no dinamite las reformas en verano.

En paralelo, Mauricio Macri vuelve a escena con un libro que promete sacudir la política como un terremoto emocional. Allí expone su conflictiva relación con Franco, su padre, en un tono íntimo que sorprende incluso a su propio espacio. El PRO, por su parte, toma distancia del oficialismo y rechaza un interbloque, reforzando que apoyará reformas, pero sin abrazos. En el Congreso, todos —libertarios puros, ex PRO y recién llegados— ya entienden una regla: la línea baja de Karina Milei es ley. Bornoroni habla, Adorni traduce, Santilli ejecuta. Caputo, silencioso, observa. Y mientras el Presidente recorre el mundo, la que maniobra el tablero interno, sin discursos ni cámaras, es ella. Siempre ella.